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Johnathan Swift


Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, 
puede identificársele por este signo:
 todos los necios se conjuran contra él.


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Henry Ford

 "Tanto si crees que puedes, como si no, 
estás en lo cierto".
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Eudald Carbonell

Solo compiten los incompetentes,
lo competentes colaboran.Eudald Carbonell.

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Eleanor Roosevelt

“El ayer es historia, en mañana es un misterio. Hoy es un regalo, por eso se llama presente.”
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Moliere

Todos los hombres se parecen por sus palabras; solamente las obras evidencian que no son iguales”


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Molière

(Jean-Baptiste Poquelin; París, 1622 - id., 1673) Dramaturgo y actor francés. Nacido en una familia de la rica burguesía comerciante, su padre desempeñaba el cargo de tapicero real. Molière perdió a su madre a la edad de diez años. Alumno en el colegio jesuita de Clermont hasta 1639, se licenció en la facultad de derecho de Orleans, en 1642.

Molière se relacionaba entonces con el círculo del filósofo epicúreo Gassendi y de los libertinos Chapelle, Cyrano de Bergerac y D’Assoucy. En 1643, haciéndose ya llamar Molière, fundó L’Illustre Théâtre, junto con la comediante Madeleine Béjart; dirigida por ella, primero, y luego por él mismo, la joven compañía intentó establecerse en París, pero el proyecto fracasó en 1645, por falta de medios, y Molière permaneció unos días arrestado por deudas.


Molière

Recorrió entonces las regiones del sur de Francia, durante trece años, con el grupo encabezado por Dufresne, al que sustituyó como director a partir de 1650. Es probable que la compañía representara entonces tragedias de autores contemporáneos (Corneille, entre otros) y las primeras farsas de Molière, a menudo constituidas por guiones rudimentarios sobre los cuales los actores improvisaban al estilo de la commedia dell’arte.

La compañía se estableció en París, con el nombre de Troupe de Monsieur, en 1658, y obtuvo su primer éxito importante con la sátira Las preciosas ridículas, un año después. En 1860 creó el personaje de Sganarelle, al cual recuperaría muchas veces en otras obras y al que siempre interpretó él mismo, en la comedia del mismo nombre; pero Molière, que perseguía la fama de Corneille y Racine, no triunfó en el género de la tragedia: Don García de Navarra, obra en la que había invertido mucho esfuerzo, fracasó rotundamente. La escuela de las mujeres (1662) fue su primera obra maestra, con la que se ganaría el favor de Luis XIV.

Los detractores del dramaturgo criticaron su matrimonio con Armande Béjart, celebrado unos meses antes; veinte años más joven que él, no se supo nunca si era hermana o hija de Madeleine (en cuyo caso Molière podría haber sido su padre, aunque la crítica moderna ha desmentido esta posibilidad). Luis XIV apadrinó a su primer hijo, que murió poco después de su nacimiento, en 1864. En respuesta a las acusaciones de incesto, Molière escribió El impromptu de Versalles, que le enemistó con cierta parte de la clase influyente de París.

En 1663, mientras llevaba las tragedias de Racine al escenario y organizaba festivales en el palacio de Versalles, presentó los tres primeros actos de suTartufo. El sentido irreverente y sacrílego que sus enemigos veían en sus obras generó una agria polémica que terminó con la prohibición de la obra, lo mismo que sucedería con Don Juan o El festín de piedra, tras sólo quince representaciones.


Acosado por sus detractores, especialmente desde la Iglesia, el principal apoyo de Molière era el favor del rey, que, sin embargo, resultaba caprichoso: las pensiones se prometían pero no se pagaban, y el autor hubo de responder a las incertidumbres económicas de su compañía abordando una ingente producción; en la temporada siguiente escribió cinco obras, de las que sólo El médico a palos fue un éxito.

Los problemas con el Tartufo, que proseguían, y las dificultades para mantener la compañía fueron quebrando su salud, mientras disminuía su producción; sin embargo, en estos años aparecen algunas de sus mejores obras: El misántropoEl avaroEl enfermo imaginario.

En 1673, durante la cuarta representación de esta última obra, sintió unos violentos dolores; trasladado a su casa, murió a las pocas horas. El rey debió intervenir para que la Iglesia le concediera el derecho a tierra santa, si bien fue enterrado de noche y prácticamente sin ceremonia.

El gran mérito de Molière consistió en adaptar lacommedia dell’arte a las formas convencionales del teatro francés, para lo que unificó música, danza y texto y privilegió casi siempre los recursos cómicos, y en luchar contra las hipocresías de su tiempo mediante la ironía.

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Frases famosas que Nunca se Pronunciaron

Pues sí. Muchas frases y grandilocuentes afirmaciones que continuamente escuchamos o decimos y que son atribuidas a grandes personajes históricos, en realidad, se ha tergiversado su significado, cambiado las palabras o directamente, nunca han sido escritas o pronunciadas por nadie. Aquí van unas cuantas bastante conocidas.

El fin justifica los medios:

“Il fine giustifica i mezzi” famosísima frase atribuída a Maquiavelono aparece escrita en ninguna de sus obras ni se tiene constancia de que la pronunciara jamás. Lo más parecido (en su significado que no en su forma) aparece en su libro “Historia Florentina (III)” y dice:

“Aquellos que triunfan nunca resultarán avergonzados por el modo como hayan triunfado”

Lo cierto es que dista bastante de la frase en cuestión aparte de que es ridículo pensar, en que nadie antes de Maquiavelo, no haya expresado de alguna manera tan “magnífica excusa” para hacer lo que a uno le venga en gana.


¡Con la Iglesia hemos topado!

Este es un claro ejemplo de una frase tergiversada. Está extraída delQuijote de Cervantes y la frase exacta es:

“¡Con la iglesia hemos dado, Sancho!”

A primera vista puede parecer lo mismo, pero pongámonos en situación. Quijote y Sancho están llegando al Toboso de noche y a oscuras…

“Guió don Quijote, y habiendo andado como doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo.

-¡Con la iglesia hemos dado, Sancho! “

Claramente, el sentido un poco peyorativo o irónico contra la iglesia que tiene hoy en día esta frase no existe. Primero porque no se encuentran con la Iglesia como institución (que hubiera escrito con mayúscula), sino con el edificio de una iglesia y segundo porque el sentido de “topado” (chocar) es diferente al de “dado” (encontrado).


El estado soy yo.

La tradición pone esta frase en boca de Luis XIV de Francia cuando, enterado que el parlamento de París se había reunido a sus espaldas, interrumpió su cacería y se presentó allí ataviado con su traje de montería. El presidente del parlamento le hizo un comentario al monarca acerca del bien del estado a lo que Luis XIV le contestó con su lapidario “El estado soy yo”.

Pues bien, los más respetables historiadores niegan que esto haya pasado de esta manera, y como mucho, el rey se limitó a imponer silencio con un gesto. Al parecer, Luis XIV, que sólo tenía 17 años, era poco agraciado, poco expresivo y muy parco en sus palabras, así que es difícil atribuirle una frase de tal empaque.


Elemental, querido Watson.

Esta frase tan famosa y que casi todos pensábamos que Sherlock Holmes había nacido diciéndola, en realidad no sale en ninguna de las muchas novelas del genial detective. Lo más aproximado aparece en un relato titulado “El jorobado” y que publicó Conan Doyle en una revista en 1893. Ocurre cuando Sherlock, de un vistazo, averigua que Watson ha estado últimamente muy liado con su trabajo. Watson extrañado le pregunta como lo ha adivinado.

“- Cuando su ronda de visitas es corta, usted las hace a pie, y cuando es larga coge un coche de alquiler. Como estoy viendo que sus botas, aunque usadas, no están ni mucho menos sucias, no puedo dudar de que hoy ha estado lo suficientemente atareado para justificar el empleo de un coche de alquiler.

- ¡Bien deducido! -Exclama Watson.

Es elemental. Es uno de esos casos en los que el razonador puede producir un efecto que a su vecino le parece extraordinario…”

La frase no vuelve a repetirse y desde luego no tiene la carga de vanidad que tiene el “Elemental, querido Watson”


Se puede engañar a todo el mundo alguna vez y a alguna persona todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo el tiempo.

Esta frase se dice que la pronunció Abraham Lincoln el 8 de Septiembre de 1858 en el estado de Illinois cuando se presentaba a las elecciones para senador. El problema es que no se encuentra registro de ella en ningún periódico ni crónica de la época. Tan solo aparece en un libro de finales del siglo XIX escrito por un coronel quien dice mantuvo con él esta conversación. Se duda mucho de la versión de este coronel aunque distintas investigaciones se han esforzado por adjudicársela a Lincoln ya que es una frase que adorna en gran manera la vida de cualquier gobernante.


No estoy de acuerdo con lo que decís, pero defenderé hasta la muerte vuestro derecho a decirlo.

Esta preciosa afirmación es atribuida a Voltaire, pero ningún erudito ha sido capaz de encontrarla en ninguno de sus escritos, ni tampoco el mínimo rastro de que haya sido pronunciada por él. La frase aparece por primera vez en un libro titulado “The friends of Voltaire” escrito por Beatrice Hall. La pega es que a Voltaire y esta escritora los separan casi doscientos años.

A pesar de que todas estas frases quizás no tengan el origen que pensábamos, no se les puede negar la gran carga expresiva que poseen alguna de ellas por lo que espero que no por esto se dejen de usar cuando sea preciso. Simplemente y usando una frase que sí que es de Voltaire…

“A los vivos se les debe respeto y a los muertos sólo les es debida la verdad

Como ya dije en la primera parte.. “Muchas frases y grandilocuentes afirmaciones que continuamente escuchamos o decimos y que son atribuidas a grandes personajes históricos, en realidad, se ha tergiversado su significado, cambiado las palabras o directamente nunca han sido escritas o pronunciadas por nadie.”

Así que, sin más que añadir, ahí va la segunda entrega de… Frases Famosas que Nunca se Pronunciaron.

Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos.

Por lo visto, en El Quijote abundan este tipo de frases “inventadas”. En la primera entrega vimos que la frase “Con la iglesia hemos topado”, aunque se le había cambiado algo su sentido, aparecía más o menos, escrita en el Quijote. Pero en este caso ni tan siquiera eso. Directamente la frase es un invento pues no aparece ni en el Quijote ni en ninguna otra obra de Cervantes.

Cosas veredes, Sancho… que non crereedes.

Algunos la hemos exclamado parándonos en los puntos suspensivos con un tono de suspense. Otras veces, hemos sido capaces de acabar la frase dándonos así de muy letrados y en otras ocasiones, cuando lo que queremos es sacar “nota”, nos atrevemos con la versión, “Cosas veredes, Sancho, que harán temblar las paredes”.

Pues bien, esta expresión tampoco aparece por ningún lado del Quijote ni tampoco está escrita por Cervantes en sitio alguno.

A mi, personalmente, me gustaría saber que tipo de retorcidos e intrincados caminos ha de seguir una frase, que un día se pronuncia en boca de dios sabe quien, para acabar convertida en una expresión popular y además ni más ni menos que del Quijote… !Toma ya!

“Decíamos ayer…”

Cuenta la historia que cuando Fray Luis de León, después de pasar cinco años en la cárcel, regresó a su aula de la Universidad de Salamanca para continuar con su labor docente, comenzó la clase diciendo:“Decíamos ayer… “

La anécdota creo que es una maravilla, pero por desgracia una vez más la realidad nos estropea una bonita historia. Al parecer existen dudas si dijo:

Dicebamus hesterna die… (Decíamos ayer)

O dijo:

Dicebamus externa die… (Decíamos tiempo atrás…)

Como puede verse la diferencia es mínima y muy sutil pero hace que cambie totalmente el sentido de la anécdota que conocemos, quitándole toda la carga de fuerza, rebeldía  e ironía que llevaba.

Pero bueno, puestos a elegir una u otra y como es imposible de verificar, yo me quedo con la versión de “Decíamos ayer…”

Todo se ha perdido menos el honor.

Esto fue lo que escribió el rey de FranciaFrancisco I en la carta que envió a su madre después de que el emperador Carlos I de España le sacudiera el polvo a base de bien en la batalla de Pavía.

A primera vista la frase en cuestión es como muy valiente y gallarda demostrando el temple del rey Francés, pero nada más lejos de la realidad. El texto auténtico de la carta no tiene tanto empaque:

“De todas las cosas, no he conservado más que el honor y la vida que se han salvado…”

Me lo parece a mí o estas palabras realmente expresan más humillación y derrota que otra cosa.

Sangre, sudor y lágrimas.

Esta celebre frase que es atribuída aW.Churchill, en realidad ni la pronunció así, ni es suya. Lo que dijo excatamente en la Cámara de los comunes en 1940, fue:

No tengo más que ofrecer que sangre, fatigas, lágrimas y sudor. (I have nothing to offer but blood, toil, tears, and sweat).

Cuando acabó la sesión alguien hizo notar a Churchill que el novelista Henry James había usado una frase parecida. Churchill dijo no conocer ni a la novela ni al autor y para que quedara claro no tuvo empacho alguno en seguir usándola esta vez en la versión que conocemos “Sangre, sudor y lágrimas”

Houston, tenemos un problema.

Unos dicen que jamás se pronunció esta conocida frase y otros dicen que sí.

Para despejar de una vez todas las dudas, esta es la transcripción de la conversación que tuvo lugar entre Houston y Jim LovellJack Swigert que estaban en  el Apolo XIII.

55:55:20 - Swigert“Okay, Houston, we’ve had a problem here.” / “Okay, Houston, Aquí hemos tenido un problema.”

55:55:28 - Lousma: “This is Houston. Say again please.”/ ” Esto es Houston. Repita porfavor”

55:55:35 - Lovell: “Houston, we’ve had a problem. We’ve had a main B bus undervolt.” / “Houston, hemos tenido un problema. Hemos tenido una bajada de voltaje en el bus B principal”

(Traducción muy libre rozando la invención)

Esto fue lo que se dijo exactamente. Creo que ha quedado suficientemente claro.  La frasecita nunca se dijo… o tal vez sí se dijo….o no… o sí… :-)

Extraído del libro:

Grandes Mentiras de la Historia de Pedro Voltes.

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